El 11 de mayo de 1836, el gobernador de Tucumán, general Alejandro Heredia, envió una carta al brigadier Juan Manuel de Rosas, jefe de la confederación Argentina. Le transmitía el pedido del coronel Juan Francisco Zamudio, quien solicitaba que se admitiese a su hijo, alumno de la Universidad de Buenos Aires, “al examen anual que ha perdido por sus faltas a las lecciones diarias”.

La respuesta de Rosas, del l0 de junio, fue bastante contundente. Expresó a Heredia que le contestaría usando “la franqueza que nunca excuso a nuestras familiares correspondencias”. Estaba persuadido, decía, “de la necesidad de vigorizar la disciplina escolar de los establecimientos literarios de esta provincia”, y “decidido a poner término a las perjudiciales franquicias que traían a esta Universidad un gravísimo descrédito”. Por eso, agregaba, “ni en ésta, ni en mi anterior administración, me he prestado a concesiones graciosas que contraríen aquel propósito”. Se había negado ya “a solicitudes de esta especie, promovidas por algunos amigos muy respetables”.

Así las cosas, no podía adoptar una actitud diferente en el caso de Zamudio. “Siento pues, en toda mi alma, el caso en que me coloca su fina amistad, porque no encuentro medio para complacerlo; y mucho más cuando ella se ha interpuesto a favor de ese buen porteño y decidido federal, y por un joven de quien tengo los mejores informes”. Manifestaba que “se servirá excusarme en esta, y persuadir a ese honrado padre de la positivas ventajas que probablemente reportará a su digno hijo en el año más de estudios que debe cursar”. Le aseguraba que, de todos modos, valoraba su recomendación sobre los méritos del coronel Zamudio. “No faltará otra oasión en que yo pueda hacer efectivos mis buenos deseos en su favor”.